Drogas en Argentina

“Narcotráfico: el país sigue los pasos de Colombia y México” escribe Joaquín Morales Solá en La Nación. “Cada cinco días sale un Narcojet de Argentina” titula Perfil. ¿Es esto cierto? ¿Es la situación tan alarmante? La respuesta corta es sí. La Argentina tal como demuestra los casos de Southern Wings y los hermanos Juliá se encuentra en pleno proceso de infiltración de sus instituciones por los carteles de la droga. Nos hemos convertido en un portaviones para la droga que viaja de Bolivia y Colombia a Europa y el consumo interno de cocaína a crecido en forma considerable, 11.5% desde 2005 según le dijo el jefe de Gabinete Aníbal Fernández a Página 12 hace pocos días.

La situación se remonta a la década del ’90 cuando el gobierno del presidente Menem le abrió las puertas a las inversiones relacionadas con el narcolavado a través de la llegada al país del ahora desaparecido banco BCCI de Gaith Pharaon y la presencia en nuestro territorio del reconocido traficante de armas, drogas Monzer Al-Kassar quien recibió el pasaporte argentino en tiempo récord, y las nunca investigadas actividades en nuestro país de Luis Guillermo “Guillo” Angel, un ex-aliado de Escobar que luego contribuyó a su destrucción y heredó gran parte de su imperio criminal, quien fuera habitué de torneos de polo. Es también conocida la cercanía que cierto personajes del menemismo con el Cartel de Cali.

Frente a este dura realidad es necesario reconocer que la Argentina se encuentra en un lugar similar al que se encontraba Colombia a principios de la década de los ’80. Cuando en 1984, el ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla fue el primero en denunciar públicamente la influencia del narcotráfico en la política colombiana, ya era muy tarde. Pablo Escobar y su primo Gustavo Gaviria ya habían financiado la campaña de los dos principales candidatos presidenciales, el Liberal Alfonso López Michelsen y el Conservador Belisario Betancur. Poco tiempo después fue Lara Bonilla fue asesinado por órdenes de Escobar. Debieron pasar miles de víctimas más para que el estado colombiano se decida finalmente a enfrentar con todos sus recursos a las mafias del narcotráfico. Para ese entonces ya era muy tarde, demasiados candidatos regionales y nacionales llegaron al poder de la mano de los “dineros calientes” de los carteles. Colombia podría haber evitado los escándalos del Proceso de los 8,000 que demostró la cercanía del presidente Ernesto Samper a los narcotraficantes, o de la Para-política que puso a la luz como organizaciones paramilitares financiadas por el tráfico de drogas controlaban un terció del Congreso de dicho país. El conflicto armado Colombiano continua sin solución mientras las FARC y los paramilitares reciben enormes ingresos por las rutas de drogas ilegales que controlan.

Es importante en un año electoral aprender de esta lección de historia.  Con  antecedentes como los cheques de Sebastián Forza  a la campaña de Cristina Fernandez de Kirchner en 2007, quien además recibió dinero para su campaña de un mandatario extranjero, es fundamental que los ciudadanos exijamos total transparencia en las contribuciones a las campañas de los candidatos en los próxima elecciones.  No vaya a ser un que un día nos levantemos y realmente estemos como México o Colombia.

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